Recordando al San Juan Bautista aruquense

Una Arucas irrepetible

Recordando el San Juan Bautista aruquense
Mariquita asistía a misa a diario y hablaba con todos… / Foto: José Luis Sandoval
Juanjo Ferrera Recordando el San Juan Bautista aruquense
Por Juanjo Ferrera

A veces es curioso lo que siempre se repitió. Arucas. Cruces inscritas en mármoles. Flores en las losas. Viento sutil y ligeras nubes. Verdes gérmenes de lágrimas en flores y coronas. Quizá dos centenares de vecinos en el camposanto (allí amigos, agradecidos, familiares…). Se acerca el cálido verano, pero la primavera resguarda aún sus dominios tercamente y hay cuchillos de fresco entre el viento. Ante el nicho abierto para sorber en su seno a la amiga muerta se apiñan lánguidamente los vivos. La emoción de la muerte parece que turba más la sangre agitada de impulso cortante y agudo. Un comentario: no pudo ser, el cuerpo no pudo tanto; un cuerpo como un mar voraz, entrechocando, furioso, mutilado.
<>. Y con ella una Arucas irrepetible. <>. Se quedó solterona y quería a la gente de su quinta.
Querer, amar a Arucas le brotaba del corazón. Con todas sus virtudes y defectos, penas y alegrías; pero como se quiere, sin miramientos, al pueblo que nos vio nacer y que un día, más o menos lejano, recibirá amorosamente en su tierra nuestros pobres huesos.
Ya ni nos acordamos del lema intachable de nuestro escudo heráldico: <>.
De pequeño vi a aquella gente que elevaba al cielo la implorante mediación de Juan el Bautista, preservando y favoreciendo, para que nuestra Arucas, la que hoy recibimos, la de su montaña, sus platanales e iglesia gótica continuase con el trabajo de sus hijos por el camino del progreso. Sabían que cada día volvía a salir el sol, a abrirse la flor de mundo y a dar frutos sus platanales. Porque el hombre de estos lugares, labrador por excelencia, estaba acostumbrado a inclinarse sobre su terruño; pero también a erguirse para mirar al cielo, dar gracias al Señor y pedirle le siga ayudando y protegiendo.
…et labora: y no cejaban. La generación de nuestros abuelos con una visión exacta del futuro del municipio nunca se anduvo por las ramas a la hora de iniciar el trabajo de lo que más convenía a los intereses comunitarios de los confines aruquenses. Nuestro municipio fue uno de los mejores representados al lograr amplios objetivos, por el esplendor, belleza y cultura de nuestros monumentos, nuestras casas, nuestras calles, el aprovechamiento de una tierra fértil, la vida en las puertas.
No tendría líneas, sin pretensiones de ningún género, para desarrollar un mínimo exponente de aquel afán, de aquella ilusión, de aquel despertar confiado a futuras generaciones. Ya estamos tardando en formar tradición, en recoger y valorar lo que se nos dejaron aquellos que, con su paso jovial, altruista, de servicio, nos legaron una estela brillante que no puede quedar ni limitada, ni regateada por políticos de tres al cuarto.
Nos dejó Mariquita, nos dejó Juanito el del agua, se fue Bruno el de la sociedad, Juanito el sereno y también se fue tu padre y tu abuelo, y mi padre y mi abuelo… y desde los luceros en que se encuentren, no tengo duda alguna el día de San Juan, el día del patrón, seguirán viendo un municipio corpóreo de piedra y flor, aunque no sé si nos reconocerán porque, en su época, fuimos niños felices.
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