Atenas, ciudad zombie

Atenas, la antigua ciudad del Agora, en decadencia

Atenas, ciudad zombie
Por Jaime Rubio Rosales
Atenas, ciudad zombie
El autor del artículo, con la Acrópolis  de fondo
Todos tenemos en la cabeza lo que estudiamos en la Universidad sobre la Grecia clásica, la de Pericles, Platón y Aristóteles. Efectivamente aquella Grecia se considera la cuna de la civilización occidental.

Hoy, sin embargo, cuando uno visita Atenas, la antigua ciudad del Agora donde se habló de democracia por primera vez, la impresión es la de un país no sólo en crisis sino sumido en una decadencia moral terrible. 

Este verano en Atenas nos hemos escandalizado viendo a niños de 7 u 8 años tocando el acordeón o la flauta por las zonas turísticas sin que la policía moviera un dedo contra sus padres, prohibiéndoles este acto reprobable. También vimos cómo los drogatas han invadido el centro histórico de la ciudad y se pinchan la heroína a la vista de todos los transeúntes, ante niños y mayores. En los museos te advierten contra robos y asaltos a la salida porque los drogatas están en los jardines de entrada esperando asaltar a los visitantes. Y todo esto sin hablar de la suciedad de las aceras y fachadas de los edificios, plagados de horribles graffitis  , manchas de chicle y negros de años sin limpiar, ¡y esto en el centro histórico! ¿Se imaginan cómo estarán los barrios? Sin embargo, no vimos prostitución callejera, tan abundante en Barcelona o Madrid.
Atenas, ciudad zombie
Las calles de la Atenas de hoy, muy sucias y llenas de graffitis  
El día que llegamos preguntamos a unos policías por la ubicación de nuestro hotel, ubicado al lado de un famoso museo y un ministerio. Los policías nos dijeron que teníamos que atravesar un pequeño parque que iba desde la parada del autobús hasta el hotel, apenas 100 metros. Iniciamos nuestro corto recorrido pero vimos que los polis nos seguían a cierta distancia. Enseguida comprendimos el motivo: aquel era uno de los parques del centro de la ciudad tomado por los drogatas para reunirse, pincharse y dedicarse a destrozar su vida con esa mierda que se meten en sus cuerpos cada día. Naturalmente, llegamos bien a nuestro hotel que, al estar al lado de un ministerio estaba custodiado por policías militares armados hasta las cejas. Menchu y yo parecía que estábamos en medio del rodaje de una película de zombies a los que había que ir esquivando. 
Lo chocante es que veníamos de Estambul, una ciudad vibrante, de gente amable y feliz, donde salir de noche a dar un paseo es un auténtico placer. Tal vez por eso el contraste de una ciudad y otra fue brutal. 
Aún así, como no viajamos por agencia sino por nuestra cuenta, nos organizamos para visitar la Acrópolis, el primer estadio olímpico de las modernas Olimpiadas, algunos museos y templos, y paseamos por las zonas peatonales de Plaka y Monasteriki. En esta última zona tomamos una Moussaka acompañada de una buena cerveza y brindamos porque los dioses del Olimpo ayuden a este pueblo a salir de la decadencia y la depresión tomando ejemplo del gran Alejandro Magno, natural de Macedonia, al norte del país, y se pongan a luchar contra la corrupción y la degeneración en la que está sumido este pequeño país que tanto nos ha enseñado en el pasado.
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